Intercambiar opiniones

Es algo muy habitual, por lo menos en mi caso personal, el hecho de encontrarse con gente y debatir sobre temas controversiales o/y en los que talvez varían muchísimo los puntos de vista, dependiendo de la perspectiva de cada uno de los integrantes de la conversación.
En estas charlas, los principales problemas que generalmente se presentan son de nivel argumentativo, desconocimiento, o simplemente orgullo. Sucede que a menudo se intenta defender el tema pero no se sabe cómo, por lo tanto, se suele usar información dudosa e incomprensible o datos poco probables, dado que se sienten atacados intereses propios que son parte de una línea de pensamiento que está en un momento rígido como para ser comprometida y modificada.

Mucha gente, sin ganas ni intenciones de seguir, buscan una estrategia para terminar con el diálogo, simplemente dandonós la razón a nuestras afirmaciones, o, en caso contrario, manifestando su oposición absoluta a todo lo que hayamos y estemos a punto de expresar. Otros individuos son más complejos, ya que, no sólo comienzan a enumerar puntos de desacuerdo, sino que también lo hacen argumentando con recursos incorrectos e incoherentes, como pueden ser la ofensa verbal a personas presentes o terceros, o la creación de posibles desacuerdos o planteos que poco o nada tienen que ver con la plática en cuestión.
A continuación, encontramos otro caso, y es el de la mentira argumentativa. Es algo muy usado en política, en especial en campañas electorales. Esto se da cuando se crea una mentira o polémica que genera confusión y mancha la imagen de la otra persona. Se da un dato impreciso, incorrecto o falso que oscurece la visión e interpretación de las cosas. Luego, mayormente por esta razón, aparece la imparcialidad. Personalidades que dudan o no quieren involucrarse más de lo que ellos estiman conveniente.
Para finalizar, no me quiero olvidar del orgullo humano. Porque creo que todos sabemos que a nadie le gusta que le digan que están equivocados. Usualmente nos encanta aprender y abrir los ojos de lo que sucede a nuestro alrededor, pero reconocer el error es algo que nos duele, cuesta y mucho. Yo, personalmente, en algunas temáticas específicas, no acostumbro dar la razón en primera instancia; primeramente por el motivo de que aún me queda mucho por trabajar con mi orgullo y, por otro lado, porque no me parece correcto llegar a una conclusión a través de emociones y sensaciones engañosas que pueda percibir dentro de una espontánea interacción social. Creo que, para toda nueva concepción de la realidad, lo mejor es siempre llevar todo a un análisis y auto-reflexión pasiva.

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