Cómo conseguir esposa y cómo conquisté a la mía

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Es importante aclarar que conocer a una mujer y lograr conquistar su corazón, e incluso hacerla tu esposa, no garantiza un viaje exento de desafíos. Cada historia de amor es única, tejida con hilos que entrelazan encuentros, distancias y decisiones. No hay fórmulas infalibles ni garantías eternas, pero en medio de la complejidad de las relaciones, reside la magia de la esperanza y el amor. Además Casarse es una decisión importante que sobrepasa cualquier obligación común de pareja. Se trata de comprometerse publicamente a estar con una persona y compartir todo. Tanto en momento lindos como feos. En la salud y en la enfermedad, en la riqueza o en la pobreza. Se trata de hacer el amor una decisión diaria y no sólo un sentimiento.

Como conocí a la persona que conquisté e hice mi esposa

En las sinuosas sendas de la vida, nuestro encuentro tuvo lugar en Oberá, entre las paredes acogedoras de la casa de Katia, una amiga común, vinculada al círculo del noble Fernando, uno de mis más entrañables amigos. Era un momento peculiar para mí, marcado por el eco reciente de una relación que había llegado a su fin, y la anticipación de los preparativos para mi inminente viaje a Estados Unidos.

Un cierre de etapa es un nuevo capítulo

El caleidoscopio emocional que se desplegó en aquella reunión en Oberá se volvió una amalgama de experiencias compartidas y destinos entrelazados. Mientras cerraba un capítulo en mi vida sentimental, nuestras miradas se cruzaron en un rincón de la provincia de Misiones, como si el universo conspirara una nueva trama en medio de despedidas y nuevos comienzos.

!Ay Marina, menos mal que me agregaste! Sino muy probablemente mi corazón hubiera estado completamente abierto para que mi esposa sea una americana y esta historia no existía. Fue así:

Fue durante esos meses, en la encrucijada entre el pasado y el futuro, que comenzamos a forjar una conexión a través de mensajes digitales. Ella fue la que me agregó en Facebook y no recuerda por qué. Yo me quedé con su mirada de incógnita al saludarme ese día en lo de Katia, pero lo dejé como un paisaje visto que uno suelta en el olvido.

Cómo fue el viaje y el contacto constante con la mujer que conquisté y convertí en mi esposa

Mientras preparaba mis maletas para el viaje, nuestros diálogos en Facebook y WhatsApp se convirtieron en el refugio donde compartíamos risas, pensamientos, y sí, incluso darle consejos e historias de unicornios para iluminar las noches antes de dormir. Si no me habría dicho que quería amistad, habría considerado quedarme en la Argentina. Pero amistad quiso y amistad le dí.

Decidí volver y buscar a mi futura esposa

En el inabarcable lienzo del tiempo, cinco años transcurrieron como una sinfonía de pura amistad, a menudo interpretada a través de la partitura virtual de miles de kilómetros de distancia. Mientras mis pasos resonaban en los pavimentos de Gainesville, Florida, su hogar estaba anclado en la serenidad de la tierra colorada de Oberá, Misiones. A pesar de la separación geográfica, la conexión trascendía el espacio, como si nuestras almas fueran viajeras intrépidas explorando la vastedad del universo virtual.

Las oportunidades y salidas en tierras estadounidenses se presentaban como capítulos tentadores, pero en el corazón persistía la idea de regresar a la Argentina. Era como si el destino conspirara para que mi regreso al país en el año 2016 se convirtiera en el preludio de un nuevo acto en nuestra historia compartida. Definitivamente me consolaba con alimentar sus tiempos de aburrimiento o insomnio con peculiares cuentos mágicos de unicornios que a veces venían escondidos e invisibles al mundo humano a través de un portal secreto entre las aguas que dividen la ciudad de Posadas de Encarnación.

El amor eventualmente llega

En ese regreso, las páginas de la amistad se tornaron más densas, saturadas de la promesa de un amor que esperaba su momento. Cada retorno a la tierra natal era como un verso que anticipaba el poema completo que estaba por desplegarse entre nosotros. La distancia, que había sido testigo de tantos mensajes compartidos y pensamientos cruzados, se convertía ahora en el escenario donde la trama se desenvolvería, yo como esposo y ella como esposa.

El 2017 en Posadas marcó un punto de inflexión, pero hubo un beso de despedida que quiso ser y no fue. El giro romántico aún se mantenía oculto entre las líneas de nuestra historia. Fue en el 2018, después de mi experiencia en tierras europeas, cuando regresé a Posadas con un propósito claro. Invitarla a salir significó un paso audaz hacia el desconocido, hacia un futuro que escribiríamos juntos.

El noviazgo y el compromiso en Buenos Aires

Llevarla a Buenos Aires en el 2019, después de haber compartido nuestras experiencias a través de las pantallas, añadió otra dimensión a nuestra conexión. La propuesta en Villa Ocampo se convirtió en la culminación de un viaje que comenzó en Oberá, un viaje que atravesó despedidas, distancias y nuevas posibilidades.

Para mí la conquista nunca termina pero hay batallas crucial al conquistar a una esposa

El 2020, con la pandemia como telón de fondo (esa fue toda otra historia que si quieren les cuento en otra oportunidad), a sólo una semana de que nos atrapara, nos llevó a un nuevo acto. Nos convertimos en esposos, desafiando las incertidumbres y escribiendo un capítulo de resiliencia y amor. Así, desde las primeras chispas entre Oberá y Posadas, hasta el compromiso en Villa Ocampo y los pagos porteños, nuestra historia se entreteje con los hilos de la casualidad y la determinación. Porque lo bueno, sin determinación, paciencia y perseverancia, generalmente no llega.

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